Doppelgänger*

 

Nada lo habría preparado para eso.

Nada, ni las mil cosas que se arremolinaban en su cabeza, ni los sueños más perversos, ni la imaginación corrupta de la inconsciencia habrían producido la imagen que tenía frente a sus ojos.

Su mano, todavía se encontraba posada sobre el pomo de la puerta que goteaba sangre. Gotas pesadas que caían una a una entonando un ritmo fúnebre y aterrador. Gotas que parecían globos gigantescos llenos de ese líqudo rojizo y viscoso que manchaba todo: el suelo, las paredes, los juguetes, la cama, las sábanas, las almohadas y las cortinas.

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