Escribir un cuento

Escribir un cuento es sentarse a recordar el pasado. Navegar por los entresijos desgastados de la mente y perderse entre sus curvas y recovecos. Recoger todo aquello y ponerlo en un trozo de papel, para luego darse cuenta de que el resultado está intrínsecamente ligado a nuestro sentir y pensar. Es un retrato fiel de nuestra imaginación.

Escribir un cuento es escribir una autobiografía, porque uno escribe acerca de lo que conoce, de lo que ha sentido y de aquello que le ha conseguido hacer doler. Es un autorretrato porque nuestras virtudes y nuestros errores (la mayor parte de las veces con gran abundancia de los segundos) se muestran con extrema fidelidad en ese escrito que hemos conseguido realizar.

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Saludar con la mano izquierda

Los saludé con la mano izquierda, porque sabía que no lo entenderían, o que al menos, si lo intentaban, lo harían mal. Conceptos y creencias antiguas vinieron a establecer que todo lo que tiene que ver con lo derecho es “correcto” simplemente porque hay más diestros que zurdos, fue así que éstos se vieron afectados por ser considerados raros y malignos. Incluso la palabra latina sinister significa “izquierda”. Hoy en día, lo siniestro es malo, perverso, tiende a promover la violencia y la desconfianza… ¿Es cierto?… simples y viejas creencias.

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Debajo de la cama

Debajo de la cama están los monstruos, los fantasmas y todos esos espantos que consumían nuestros sueños cuando éramos pequeños y no nos atrevíamos a mirar. Ahí está la oscuridad eterna, la que esconde toda clase de maleficios y cosas inexplicables. En ese lugar se esconden nuestros miedos y aprensiones, las que a veces todavía hoy nos atormentan por las noches y hacen que los párpados se congelen y no puedan cerrarse, los que nos mantienen en vilo mientras dura la penumbra y ya no están ahí cuando por fin nos atrevemos a mirar por la mañana.

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¿Qué somos?

Es realmente complicado entender por qué las personas son pre – juzgadas de acuerdo al título profesional que antecede a sus nombres. De repente, alguien que posee uno se infla por dentro y piensa que vale más que los demás.

Es comprensible que un título certifique algún tipo de educación o preparación que se ha recibido, pero de ahí a que las personas sean – o dejen de ser – de acuerdo a su epíteto parece inentendible.

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Libros de plástico

Pasan los días y vemos cómo los tiempos cambian, y la era del libro tal y como lo conocíamos desaparece poco a poco, indolentemente. Pronto su imagen, cuyas páginas contenían la tinta de las palabras que evocaban historias hermosas e inolvidables ya no estará en la memoria de los que vendrán luego de nosotros. Para ellos, sólo habrán libros de plástico.

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Volátil

La facilidad con la que hoy en día se puede conseguir información sobre alguna cuestión en particular es alucinante. Todo lo que necesitamos saber está al alcance de nuestras manos sin realizar mucho esfuerzo, ya que sólo se necesitan una conexión a internet y unos cuantos segundos para haber compilado una gran cantidad de datos, cosa que hace unos años habría tardado muchísimo tiempo más en realizarse.

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Caracteres

Es lo que está de moda. Lamentablemente. Esa palabra “micro” que pretende definirnos y regular todo lo que escribimos. Ahora se habla de microcuentos,  de microideas, de microblogs… de páginas web que incitan la creación de literatura en extensiones tan irrisorias como 140 caracteres…  todo es pequeño, reducido,  minimalista y snob. Probablemente nos convertiremos pronto en “micropersonas”, no por nuestro tamaño sino por la cantidad de cosas que nos entran en la cabeza, porque de alguna manera lo que está en boga es que todo sea más cortito, preciso, conciso, fácil de entender y mediocremente pensado.

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