Empezar otra vez

Se termina el año, esos días que transcurrieron mientras respirábamos, reíamos, llorábamos, fingíamos no sentir pasar el tiempo, o lo ocupábamos de tal manera que parecía no transcurrir nunca. Nos proponíamos objetivos que después olvidábamos cumplir. Conocimos personas que nos hicieron aprender más sobre nosotros mismos. Nos despedimos de personas con la inseguridad de no saber si las volveríamos a ver. Hicimos amigos nuevos y perdimos a otros. Crecimos.

Y así, aparece otro año por detrás de la montaña. Otro año que se siente como otra oportunidad. Para prometernos las mismas cosas que el año anterior, o intentar hacer unas nuevas. Para sentir el vértigo de sumergirnos en aguas desconocidas, más frías, pero más limpias.

Y esa misma oportunidad nos enseña que podemos aprender más, escribir más, leer más y conocer nuevos lugares y nuevas personas que quizás nos hagan olvidar a las anteriores, o quizás no.

Y para ser realistas, podríamos proponernos cosas sencillas, como comprar una libreta nueva, en donde escribir cosas importantes, cosas que no queremos olvidar, cosas que decirle a otra persona o cosas que signifiquen tanto que merezcan la pena estar escritas en tinta, para que algún día, cuando queramos volver, las encontremos igual que el día que las imaginamos.

Para ser realistas, podríamos proponernos leer los libros que queramos, los que nos gusten, los que quisiéramos conocer. Aquellos que nos enseñan cosas más importantes que cualquier otra persona que hayamos conocido, aquellos que se conviertan en nuestros amigos o en la compañía más agradable que se pueda tener cuando no haya alguien cerca con quien conversar.

Y para ser más humildes, podríamos comprender que el tiempo no es más que un nombre que le hemos dado a la dimensión que aún no logramos comprender. Que nos sirve para contar los días que nos quedan para irnos de este planeta y para recordarnos cuánto ha pasado desde que hicimos algo importante. Podríamos percibir el tiempo de otra forma, aprendiendo a disfrutar de los momentos que nos otorga en lugar de contar los que quedan para llegar a un final indeterminado. Podríamos hacernos amigos de él y aprender cada vez que nos quiera enseñar algo. Y así, deberíamos llegar al final del siguiente año con el mismo vértigo y la misma incertidumbre, pero con la alegría de haber vivido.

Lenin V. Paladines Paredes

lv.paladines@gmail.com

 

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