Doppelgänger*

 

Nada lo habría preparado para eso.

Nada, ni las mil cosas que se arremolinaban en su cabeza, ni los sueños más perversos, ni la imaginación corrupta de la inconsciencia habrían producido la imagen que tenía frente a sus ojos.

Su mano, todavía se encontraba posada sobre el pomo de la puerta que goteaba sangre. Gotas pesadas que caían una a una entonando un ritmo fúnebre y aterrador. Gotas que parecían globos gigantescos llenos de ese líqudo rojizo y viscoso que manchaba todo: el suelo, las paredes, los juguetes, la cama, las sábanas, las almohadas y las cortinas.

Su garganta se secó tanto, al punto de sentir que se cerraba y que el aire no podía pasar más. Pensó que iba a morir en ese mismo instante. De hecho, él hubiera preferido que así sea. Que un rayo fulminante de maldad lo destruya en un segundo, y no tener que soportar esa visión.

Pero el rayo nunca llegó, y en vez de eso, su garganta se llenó de vómito caliente que lo hizo atragantarse y gritar. Cayó arrodillado sobre el charco de sangre que decoraba tétricamente el cuarto del niño.

¿Por qué había tenido que suceder eso?… ¿Por qué?

Quería llorar, pero no podía, porque a duras penas alcanzaba a respirar de forma arrítmica y descuidada, intentaba levantarse pero sus manos resbalaban con la sangre caliente y fresca. Veía su cara desesperada y borrosa que se reflejaba en el líquido rojo. Se desmayó.

Todo parecía normal cuando entró a su casa.

Era lunes, y estaba muy ofuscado, tenía demasiados asuntos que resolver, probablemente su familia era lo último en lo que pensaba en ese momento,  dentro del automóvil justo antes de entrar. Simplemente quería estar solo y buscar la manera de resolver las cosas.

Apenas cruzó el umbral se sintió raro, diferente. La casa regularmente no era tan fría ni silenciosa. Pensó que se estaba volviendo paranoico, pero algo había de raro.

Percibía un olor, extraño pero reconocible, totalmente desagradable, y no se dio cuenta de lo que era hasta que estuvo junto a la puerta de la habitación de su hijo

Era sangre.

Todo su cuerpo le temblaba cuando intentó agarrar el pomo. Era un temblor fuerte y desacompasado que no podía controlarse de ninguna manera. Su cerebro se detuvo, y no podía pensar en nada. Su organismo no le ayudaba con soluciones y todo lo que hacía era forzar su cuerpo al máximo para intentar entrar a la habitación.

Una vez que lo hizo, todo el color de su cara desapareció, para así dejarle la tez pálida, totalmente lívida de la impresión que le causaba ver la horrorosa imagen que tenía en frente.

Su mujer y su hijo, abrazados yacían en el centro de la habitación, flotando en un charco de sangre que ocupaba la mayor parte del cuarto. Sus caras, totalmente desfiguradas y sus ropas manchadas, no quedaba nada de ellos excepto la muestra inerte dejada por algún loco, sanguinario o desquiciado.

Abrió los ojos rogando por dentro no tener que encontrar la imagen que había visto minutos atrás.

Pero ahí estaban, con sus ojos aún abiertos… viéndolo.

Bajó la mirada, porque no podía soportarlo, y en su reflejo de sangre vio algo más.

En el charco no sólo se reflejaba él, sino que también estaba un niño. Su hijo. Parado frente a él. Su corazón se paralizó cuando alzó la vista y vió al niño correr fuera de la habitación.

Pero ese no podía ser su hijo, porque él todavía seguía ahí, abrazado a su madre… muerto.

Haciendo acopio de lo que no le quedaba de fuerzas, salió arrastrándose, sólo para encontrar en el pasillo las huellas de zapatos de niño manchadas con sangre.

Cuando regresó todo seguía exactamente igual, menos el reflejo, en el que ya no se veía a nadie más.

*Doppelgänger: Palabra utilizada en el argot  de la literatura fantástica germana para describir al doble fantasmagórico de una persona viva. También definido como “sombra que camina” o “gemelo malvado”.

Lenin V. Paladines Paredes

lv.paladines@gmail.com

@lvpaladines

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4 pensamientos en “Doppelgänger*

  1. aun con del contenido trágico, que agradable lleerte,, me da un gusto enorme , felicidades y gracias por compartir

  2. rbaralt dice:

    Un relato escalofriante, una situación angustiante y un personaje malvado venido del más allá. Una combinación que hace gala de esta excelente obra narrativa. Felicitaciones.
    @raguniano

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