Lola

Lola llega al aula de clases y se sienta en la misma silla de todos los días. Como a los demás en el salón, a ella también le invade esa sensación de pesadumbre y aburrimiento que se contagia inmediatamente entre los presentes. Al igual que casi todos ellos, Lola desearía estar en algún otro lugar, uno donde ella decida qué hacer y en el que los otros no la juzguen por sus actitudes.

Lola mira el reloj. Los segundos pasan tan lentos que los ojos se le cierran involuntariamente, soñolientos reclamando descanso. Imposible. El día recién ha empezado.

Sería capaz de echarlo todo al traste, sin cavilaciones ni arrepentimientos, de abandonar sus cosas, sus intenciones y sus lamentos… y olvidarse en algún momento de todo lo que hacía, si no fuera por una razón…

Él.

Mientras ella piensa y sueña, él llega al salón de clases, totalmente ajeno a la realidad que a Lola le carcome por dentro, ignorando por completo los pensamientos que recrea su mente de mujer.

Lola lo mira, mientras él revisa sus notas, mientras ordena sus documentos. Ella se fija en sus movimientos, en la manera en que pronuncia las palabras, una por una, como si el sonido dibujara volutas de humo de todos los colores, imprimiendo figuras en las paredes, formas ininteligibles que sólo eran visibles para ella, porque sólo ella vivía en esa dimensión.

¡Cómo le agradecía al cielo todos los días por permitirle conocerlo! … la verdad es que él no tenía ni la más remota idea, pero ella cambiaba algún detalle en su apariencia todos los días. Algo pequeño y casi imperceptible, porque no tenía la intención de que él se diera cuenta… sabía que era algo imposible, pero se contentaba con hacerlo, en secreto, guardándoselo para ella, porque nadie nunca podría acusarla de tener malos pensamientos… de desearlo.

¡NO!… porque eso sería imposible. Sería terrible si alguien se enterara, ¿qué pensarían los demás?… todos la verían con malos ojos e inventarían nombres y epítetos que la descalificarían y le labrarían una reputación despreciable.

Por eso Lola sueña, mientras se consume  la mañana, porque su mente vuela al mismo tiempo que su cuerpo actúa automáticamente, sin pensar, realizando las actividaes que le corresponden, cuando en su pensamiento a nadie le importa si dos personas están juntas, porque en el mundo que ella se imagina cada quien tiene suficiente ocupándose de sus propios asuntos… porque en su cabeza no necesita ocultar la necesidad imperante de juntar su cuerpo con el de él, sin pedir permiso, sin dar nada a cambio… sin opiniones, sin juicios ni apodos ni nombres… sin nada de eso…

Por todo aquello Lola sueña, y se imagina a sí misma desnuda, a punto de…

–          ¡Profe!

–          ¡PROFE!

Lola se despierta, no se da cuenta todavía de dónde está, pero entiende, mientras su deseo se congela como el más frío de los elementos, que son sus alumnos que le entregan los trabajos. Que el día ha terminado.

Entre ellos está él, que se acerca y le entrega el documento sin decirle nada, para luego salir caminando en dirección a la puerta, no sin antes detenerse y volver la mirada, por una fracción de segundo (¿Quizá más?) en la que ella distingue un destello… un guiño en los ojos del adolescente que probablemente sólo exista en su cabeza, en esa dimensión en la que sólo ella está…

Lenin V. Paladines Paredes

lv.paladines@gmail.com

@lvpaladines

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3 pensamientos en “Lola

  1. gaby dice:

    Me gusta Lelin ..cuentos cortos..también me gusta este ´género.Saludos desde el sur del sur .

  2. vapo1968 dice:

    tu creatividad descubre una realidad tangible, asociada a la redacción de un pensamiento que vive en la mente de las personas pero que no fluyen por ser un estigma más entre tantos… te felicito: ¡excelente!

  3. dukas dice:

    Los sueños, la nostalgia, las elucubraciones tan únicas como cada ser humano lo es.

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